miércoles, 25 de febrero de 2009

Historia de Amor

Ella pensó que nada iba a ser igual; que ahora sí, por fin había encontrado aquéllo que tanto anhelaba. Por la ventana se podían ver las marcas que había dejado la tormenta de nieve y viento por la noche. Afuera corría una brisa helada que calaba los huesos. El cielo aún se encontraba oscuro y brillante de estrellas.
En las montañas la nieve era tal, que aún de noche se podían distinguir perfectamente con esa capa blanca que las cubría. Los árboles se levantaban como gigantes vigilando la fría noche magallánica.
En el estrecho, la luna pintaba un camino de plata sobre las aquietadas aguas.

Había silencio.

Dentro de la casa, en contraste con la naturaleza, existía una temperatura muy agradable, permitiendo que sus moradores pudiesen dormir en la mas pefecta comodidad.

Claro, que ella no había dormido. A su lado, se encontraba el ser perfecto, cuya espalda ahora descansaba en serenidad, después de la tormenta. Ella lo admiraba, y mientras él aún dormía, sentía que eso era justamente lo que necesitaba. Se sentía segura, encantada y maravillosa. Pensaba en todos los años que pasó buscando quien la entendiese de aquélla forma en que él lo hacía, y ahora, por fin lo había encontrado. Sentía que durante muchos años poseía una frágil pero hermosa flor, la cual se estropeaba con cada jornada, embestida por los vientos que soplan día a día durante nuestras cortas vidas.
Y ahora, esa flor había encontrado un lugar seguro, en donde sería delicadamente cuidada y protegida.

Se levantó para servir un amoroso desayuno; el mas dulce y tierno que se le hubiese brindado alguna vez a su amado. Él despertó perturbado por un delicioso aroma y al abrir los ojos vió a la mas angelical de las figuras, a su lado, sosteniendo una bandeja sobre la cama.
Para él era despertar y seguir soñando, no podía creer que una mujer tan bella pudiese amanecer con él. Tantas heridas abiertas en su corazón por fin tendrían la oportunidad de ser sanadas. De pronto le invadió un sentimiento de tristeza; y sintió como si una sombra pasase frente a sus ojos.

No pudo disimular su angustia, y ella rápidamente lo notó.
En silencio, los dos, bebieron y comieron.

Creo que el sonido de su beso de despedida estremeció la mañana que yá comenzaba a aclarar de tal forma, que una nueva ventisca comenzó a soplar por entre las calles de la ciudad.

Se despidieron, y de aquélla forma, cada uno tomó el camino a sus hogares.

2 comentarios:

Empty Shadows dijo...

Awwww, qué lindo...

Me encantan los relatos... yo también a veces me da la inspiración y los escribo...

Te felicito... me haré seguidora de ambos Blogs...

Besos,
Rockerilla.-

Patricia dijo...

Hola Muy buenas tus paginas , y lo que escribis tambien ..

Espero que te encuentres bien!

Pasa por aca una extranjera jaja!

Saludos!

Patricia.Ce!!